Fiel a su fútbol, con encomiable paciencia para buscar espacios y desnivelar, España atrapó su segunda Copa Mundial. La vuelta olímpica, la entrega de medallas, con Donald Trump y el presidente de la FIFA a la par, el podio copado por el mejor jugador, el portero más destacado y la figura joven (Rodrigo Hernández, Unai Simón y Paul Cubarsí, respectivamente), todos los premios fueron para España. El éxito de La Furia no admite medias tintas y es inobjetable.

El minuto 106, con Argentina enfrentando un nuevo alargue y 10 jugadores tras la expulsión de Enzo Fernández, timbró el festejo hispano: incómodo pivoteo de Nico Williams, Ferrán Torres aseguró el remate por encima del último esfuerzo de Emiliano Martínez.

Antes y después Argentina hizo muy poco frente a un oponente que, convencido de su plan, insistió en buscar espacios, callejones en medio de la fortaleza rival, mientras Lio Messi no tenía socios para llegar al pórtico ajeno y la Albiceleste perdía a sus zagueros centrales. La fisonomía de la final era clara: uno resistía, el otro quería ganar. 

El Mundial culmina y el primer lunes luego del último pitazo será el más sombrío desde el 11 de junio. Vendrán los balances, se volverá una y otra vez sobre las ganancias (el campeón embolsó 50 millones de dólares, el finalista 33, con un piso superior a 10 simplemente por participar). Trump -sí, una vez más- dejó entrever que ojalá le den a Estados Unidos otro Mundial, pero en forma exclusiva, bromeando en su estilo con la participación de China (¿eventual, hipotética, real, de qué forma?). 

Encuestas sobre el mejor equipo, decepciones y sorpresas agotarán medios on line. Encontrar algo en papel será difícil, pero quien tenga alma de coleccionista hallará el modo. 

Imposible que Lio Messi, segundo goleador de este Mundial y del evento en su totalidad, quede al margen. La Pulga gravita con holgura sobre dos décadas del balompié planetario: tres finales, un título, emblema de su país, venerado sólo al nivel de Diego Maradona, quieren que llegue al 2030. Con certeza, entre ambos y Pelé, que también usaba el número 10, está el mejor de la historia. 

Volveremos a lo nuestro con nostalgia por lo visto en USA, México y Canadá. El frenazo post Mundial será duro, pero quizás llegue Vozinha (?), volverá Damián Pizarro y la UC y Coquimbo (en La Libertadores) y O’Higgins (en la Sudamericana ante Boca) serán el cable a tierra para buscar una competencia más exigente que los torneos locales. 

A no perderse. Todos los grandes eventos tienen puntos atractivos y otros olvidables. España fue un legítimo campeón, su triunfo no encierra dudas. ¿Fue un gran Mundial? Eso depende de la epidermis de cada cual. La intromisión de Trump para liberar a un jugador expulsado del castigo correspondiente (Balogun vs Bélgica) fue inaceptable. Pero la continuidad de Gianni Infantino al frente de la FIFA parece intocable, más aún con la oferta de un Mundial con 64 selecciones, lo que significa votos y continuidad. 

¿Qué pasará acá? A fines de año habrá elecciones en la ANFP. Cualquier persona medianamente informada sabe que pedir coherencia al Consejo de clubes es una vara alta. Desde 2014 que la Roja no va al Mundial, es mucho tiempo. A España le tomó 16 años volver a gritar campeones. De la sumatoria de decisiones que se tomen dependerá el futuro del fútbol en nuestra angosta franja. 

Por Editor