El presidente de la FIFA confirmó que irá por la reelección en 2027, pese a la creciente oposición de la UEFA y las críticas generadas por su fallido proyecto para abrir a inversores privados los ingresos de las competiciones del organismo.

Gianni Infantino no da un paso atrás.

A pesar de las semanas de tensión, las críticas internas y el enfrentamiento cada vez más evidente con la UEFA, el presidente de la FIFA mantiene su decisión de competir por un cuarto mandato al frente del fútbol mundial.

La propia FIFA confirmó este domingo que Infantino se presentará a las elecciones de 2027. “Por supuesto, nada ha cambiado. El señor Infantino se presentará a la reelección”, señaló un portavoz del organismo.

Si vuelve a ganar, Infantino permanecerá en el cargo hasta 2031, completando un cuarto y último mandato. El plazo para presentar oficialmente las candidaturas vence el 18 de noviembre, mientras que la elección está prevista para marzo del próximo año.

Por ahora, hay un dato que puede jugar a su favor: ningún candidato ha anunciado formalmente que vaya a desafiarlo.

Una elección marcada por la tensión

La confirmación llega después de varias semanas especialmente complicadas para Infantino.

El presidente de la FIFA estuvo recientemente en Polonia, donde participó en la inauguración del Mundial Femenino Sub-20. Allí fue consultado por Sky News sobre las turbulencias que atraviesa el organismo.

Su respuesta fue breve. Dijo que tenía “mucho que decir”, pero que aquel no era “el momento ni el lugar” para hacerlo.

Horas después, sin embargo, la FIFA despejó cualquier duda sobre sus planes electorales.

El trasfondo de la disputa es un proyecto que terminó convirtiéndose en uno de los mayores problemas políticos de su actual gestión.

El proyecto que abrió una grieta dentro de la FIFA

La FIFA había impulsado una estructura comercial destinada a permitir la entrada de inversores privados en los ingresos de sus principales competiciones.

La propuesta contemplaba vender una participación cercana al 20% de los ingresos vinculados a la Copa Mundial y otros torneos, buscando nuevas fuentes de financiamiento y aumentar el valor comercial de las competiciones.

Pero la iniciativa provocó una fuerte reacción dentro del fútbol internacional.

El proyecto terminó siendo abandonado en julio y la FIFA posteriormente reconoció errores en el proceso y ofreció disculpas, además de comprometerse a adoptar medidas para evitar que una situación similar vuelva a producirse.

La rectificación, sin embargo, no consiguió cerrar la herida.

Para sus detractores, el episodio dejó en evidencia problemas de transparencia y de consulta con las confederaciones y federaciones nacionales. También abrió un debate sobre cuánto poder puede ejercer el presidente de la FIFA sin contar con un respaldo suficiente dentro de la organización.

UEFA endurece su posición

La oposición más fuerte ha llegado desde Europa.

La UEFA ha cuestionado abiertamente el liderazgo de Infantino y ha afirmado que perdió la confianza en el dirigente. La tensión llegó incluso al punto de plantear posibles medidas de boicot a competiciones organizadas por la FIFA, incluida la Copa Mundial.

La Federación Inglesa de Fútbol también se ha distanciado de una eventual reelección del presidente.

Y el conflicto no se limita al continente europeo.

Según Reuters, Infantino también ha recibido llamados a abandonar el cargo procedentes de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y de Concacaf.

El escenario, por tanto, es incómodo para el presidente de la FIFA: tiene asegurada su candidatura, pero deberá enfrentarse a una oposición que intenta convertir el malestar político en una alternativa electoral concreta.

Infantino todavía conserva aliados

La historia, sin embargo, está lejos de estar definida.

Infantino todavía cuenta con respaldos importantes dentro de la estructura de la FIFA. Las confederaciones de África y Sudamérica continúan apoyándolo, según Reuters.

Y ese respaldo tiene un peso considerable.

En las elecciones presidenciales de la FIFA, cada federación nacional dispone de un voto, independientemente del tamaño de su economía o del nivel deportivo de su selección. Por eso, el apoyo de las regiones que reúnen un gran número de asociaciones puede resultar decisivo.

Ahí está una de las principales fortalezas de Infantino.

Mientras sus opositores buscan organizarse, el actual presidente ya tiene candidatura, experiencia electoral y una red de apoyos construida durante una década al frente del organismo.

El verdadero desafío: encontrar un rival

La oposición puede ser numerosa, pero todavía carece de algo fundamental: un candidato capaz de reunirla.

Hasta ahora, ningún dirigente ha presentado formalmente una candidatura para competir con Infantino.

Y esa ausencia puede terminar siendo tan importante como las críticas que enfrenta.

Una cosa es cuestionar al presidente de la FIFA y otra muy distinta conseguir que las diferentes confederaciones se pongan de acuerdo detrás de una alternativa común.

Por eso, la elección de 2027 podría convertirse en una batalla política mucho más amplia que una simple votación para elegir al próximo presidente.

También estará en juego el equilibrio de poder entre Europa, África, Asia, Sudamérica, Concacaf y las demás regiones que forman parte de la FIFA.

Un cuarto mandato en medio de un fútbol que cambia

Infantino llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 y desde entonces ha impulsado una expansión importante de las competiciones internacionales, junto con una estrategia destinada a aumentar los ingresos y la presencia global del organismo.

Sus defensores sostienen que esa política ha permitido fortalecer financieramente a la FIFA y ampliar el alcance internacional de sus torneos.

Sus críticos, en cambio, ven en algunas de esas iniciativas una concentración excesiva de poder y una toma de decisiones que no siempre considera suficientemente a las confederaciones.

La elección de 2027 será, en ese sentido, algo más que una elección de nombres.

Será también un referéndum sobre el modelo de FIFA que Infantino ha construido durante sus años en el poder.

Por ahora, el dirigente italiano parte con una ventaja: quiere seguir, su candidatura está confirmada y todavía no existe un rival formal que pueda reunir a toda la oposición.

Pero también llega a esta carrera electoral en un escenario de fuerte confrontación interna.

Y si sus adversarios consiguen transformar el descontento en una candidatura común, la elección de 2027 podría convertirse en el mayor desafío político que Infantino haya enfrentado desde que llegó a la presidencia del fútbol mundial.

Por Editor