
Cuando una selección tiene a un jugador como Kylian Mbappé, autor de un doblete en el 3-1 de los galos sobre Senegal, el riesgo es claro: el tipo hará la diferencia apenas se lo proponga. Mbappé es una fiera, cuando entra en ese estado el rival lo padecerá.
Así ocurrió en pleno segundo tiempo: el portero Mendy había sacado un par de pelotas de gol, pero bastó un desmarque del ariete galo tras preciso pase de Olise para abrir la cuenta. Senegal podría haber estado en ventaja: un disparo de Nicolas Jakcson se estrelló en el palo derecho de Mike Maignan, mientras Ismaila Sarr tiró la pelota sobre el arco estando en una muy generosa posición.
Senegal había hecho un buen partido, competía, pero bastó que Mbappé marcara diferencias para que el pleito le quedara a contramano a los Leones de Teranga.Con otro tono, menos intenso físicamente, Argelia sostenía el cero vs Argentina. Estaban nivelados, al punto que había un gol anulado por lado (Lio, Fares Chaibi).
Pero los africanos fallaron en el corte de una pelota al medio, Messi quedó con tiempo y panorama, metió una zurda terrible y el golero (hijo del mítico Zinedine Zidane) falló en el manotazo. De ahí en más, la Albiceleste jugó cómoda, con Argelia viendo pasar la pelota a ratos. Messi llegó a 16 goles en Copas Mundiales, los mismos del ex artillero alemán Miroslav Klose. Dos cuerpos atrás, Mbappé. Messi, Kilyan y a mitad de tarde Erling Haaland.
El punta noruego, en dupla con Sorloth, lideró el 4-1 de los vikingos sobre Irak. Dos goles aportó el bombardero del Manchester City al triunfo. Goles son amores, qué duda cabe. Y la falta de contundencia siempre se paga.
