
El fútbol avanzó mucho y quizás el título de esta columna escapa al conocimiento de los seguidores más jóvenes. Dos o tres Mundiales atrás así se denominaba a aquellas selecciones que, sin estar en los cálculos, avanzaron varias rondas, incluso hasta semifinales. El desarrollo del torneo las hizo rivales de riesgo, dieron más de un batacazo bajando a un favorito, haciendo del trabajo colectivo su fortaleza. Las figuras en puestos clave completaban su repertorio.
Los casos de Suecia, Bulgaria y Rumania en 1994 y de Turquía en 2002 exponen qué son los caballos negros.
En Estados Unidos, suecos y búlgaros llegaron hasta semifinales. Los primeros batieron en cuartos a Rumania -vencedor a su vez de Argentina en octavos en un recordado 3 a 2- mientras Bulgaria, que también superó a los trasandinos en su grupo, eliminó a Alemania en Nueva York. Figuras como el portero sueco Thomas Ravelli, el 9 rumano Florin Raducioiu, ‘Gica’ Hagi por cierto y los búlgaros Hristo Stoichkov y Iordan Letchkov lideraron la irrupción de una eventual segunda línea, cuadros que pasaron del simple reparto a ser protagonistas. Los turcos en 2002 terminaron terceros tras oponer una dura resistencia a Brasil en semis. El golero Rustu Recber y el goleador Hakan Sukur fueron fundamentales.
Apuestas abiertas, el Mundial 2026 ofrece la opción de dosificar el esfuerzo para progresar en el cuadro. Le sirve a todos los candidatos, también a los segundos y terceros que avancen. Nadie pretende, en medio de un calendario ajustado y un esfuerzo extenuante, ganar el torneo de punta a cabo. Regular, manejar los partidos servirá igual. Suiza (siempre un relojito), Noruega (que tiene a Haaland, Ryerson y Odegaard entre sus pilares), Marruecos (un equipo fuerte, que empató con los nórdicos en el amistoso de este domingo) y ciertamente Colombia (con Luis Díaz en gran momento tras ganar la Bundesliga y la Copa alemana con el Bayern) serán adversarios de riesgo si logran avanzar.
