
La Copa del Mundo está a la vuelta de la esquina y dos protagonistas excluyentes atrapan las miradas, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Con certeza, el argentino y el portugués afrontarán la máxima cita del fútbol planetario por última vez. Los objetivos son diferentes, los trasandinos tienen la posibilidad del tetracampeonato; si sucede, ello le permitiría a Lio superar a Diego Maradona en términos de copas conquistadas (2-1). Para Cristiano, la opción de llegar hasta el domingo 19 de julio y jugar la final supone una ruta más engorrosa: Portugal no tiene un mal plantel, es un equipo balanceado, pero acceder al partido decisivo exige un esfuerzo superior, rodeando y utilizando a Cristiano de manera adecuada. Todo será fluido y funcionará mejor si así ocurre, pero a priori el contingente luso está un escalón más abajo que selecciones como Francia y España (los máximos favoritos) o planteles como Alemania e Inglaterra.
En el caso de Argentina, la apuesta siempre es fuerte. Su historia lo exige y hay puntales en forma transversal: el portero Emiliano Martínez, «Cuti» Romero, Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Julián Álvarez y Lautaro Martínez conocen de qué se trata representar a la albiceleste y el oficio de tantos pleitos en el lomo anima la causa.
¿Brasil? Una incógnita. La apuesta por Ancelotti, un multicampeón, expresa la búsqueda de orden, control y jerarquía. Jugadores hay, pero derrotas como en aquel amistoso ante Japón (octubre de 2025, un histórico 2-3 luego de estar 2-0) allanan las dudas y la ansiedad. Por algo Brasil no gana la Copa desde 2002.
