El último lunes de junio estuvo marcado por la agonía. El gol in extremis de Gabriel Martinelli metió a Brasil en octavos tras batir a Japón. El acierto, propiciado por una pérdida de los nipones por el flanco zurdo de su zaga, expuso una máxima inagotable: los asiáticos terminaron defendiendo muy atrás, el meta Suzuki fue una de sus figuras, pero jugarse por esa opción era muy riesgoso.

El dramático final en Houston terminó opacado por la clasificación de Paraguay tras eliminar por penales a Alemania. La Albirroja, acicateada por los dichos del ex portero José Luis Chilavert contra el DT Gustavo Alfaro, lució compacta, dispuesta para luchar en Boston. Una muestra: la sólida actuación del meta Orlando Gill (26 años, San Lorenzo de Almagro, Argentina) en los 120′ jugados.

Como todo en la vida, está el festejo guaraní por un lado y la debacle alemana por otro. La escuadra de Nagelsmann lleva años fracasando, la historia se repitió. Un plantel mal definido, con pobres rendimientos de jugadores históricos (Neuer, Kimmich) y otros (Woltemade, Pascal Grob por citar dos) con dudosos méritos para estar.

Alemania perdió identidad y esta eliminación es resultado de ese extravío, aunque las causas son diversas. Del lado paraguayo, la ilusión cotiza en alza: el martes feriado acuñará un desempeño de leyenda (esto, al punto que el rival tuvo la opción de seguir con vida en los penales luego que la Albirroja perdió dos). Pero la fortuna estuvo de su lado y los germanos tienen hoy un duro despertar mientras la noche es fiesta en Asunción y todo Paraguay.

Por Editor