Kast llevó a la ONU la campaña que Chile creyó que ya había terminado.


No fue solamente un discurso presidencial. Fue la puesta en escena internacional de un relato político doméstico: un Chile que habría sido llevado al fracaso por otros y que ahora comenzaría a ser rescatado por su gobierno.
“Chile está de vuelta”, dijo. Pero ¿de vuelta a dónde?


La frase suena contundente, pero esconde una simplificación enorme. Chile no desapareció. Siguió existiendo durante todos estos años: con sus problemas, sus avances, sus desigualdades, sus conflictos y sus millones de ciudadanos que tienen visiones distintas sobre qué país quieren construir.


El problema no es que Kast defienda su proyecto político. El problema es el lugar desde donde lo hizo.
En la ONU no hablaba solamente el candidato que alguna vez fue. Hablaba el Presidente de Chile. Y cuando un Presidente se presenta ante el mundo, la responsabilidad no es simplemente defender a su sector: es representar a un país entero.
Sin embargo, su relato pareció dividir la historia reciente entre un pasado asociado al caos y un presente que comienza con él.
Eso no es una explicación histórica. Es una narrativa política.


El estallido de 2019 tampoco cabe en una sola palabra. Hubo violencia, destrucción y delitos que deben ser condenados. Pero también hubo un malestar social profundo y una crisis de confianza en las instituciones. Reducir aquella complejidad a una historia de caos permite construir un adversario, pero no permite comprender un país, y hay algo todavía más incómodo: Kast lleva apenas unos meses gobernando.
Aun así, su discurso habla de recuperación como si el veredicto de la historia ya estuviera escrito.
Pero gobernar significa algo más que explicar quién tuvo la culpa antes. Significa hacerse cargo de lo que ocurre ahora.
Desde que Kast asumió, los problemas de Chile dejaron de ser solamente la herencia de otros. Son también responsabilidad de su gobierno.
También resulta paradójico que, mientras critica la burocracia y la falta de eficacia de Naciones Unidas, utilice esa misma tribuna para continuar una disputa política interna.


La ONU no debería ser el escenario donde un Presidente le explique al mundo quiénes fueron los culpables del Chile que recibió.
Debería ser el lugar donde Chile diga qué papel quiere desempeñar en el mundo.
Por eso queda una pregunta difícil de esquivar:


¿Kast fue a representar a Chile ante el mundo, o llevó al mundo como telón de fondo de su relato político sobre Chile?
Porque un candidato puede hablar para los suyos.


Un Presidente tiene que hablar también por quienes nunca votaron por él.

Por Editor