Los nuevos términos comerciales de Facebook, Instagram y WhatsApp, que entrarían en vigor el 30 de octubre, permitirían a la compañía rastrear y copiar contenidos de sitios web vinculados a cuentas comerciales. Especialistas advierten sobre los posibles efectos en los derechos de autor y el negocio de los medios de comunicación.

Meta enfrenta cuestionamientos por sus nuevos términos de servicio para cuentas comerciales, que podrían permitirle acceder, copiar y analizar contenidos de los sitios web asociados a Facebook, Instagram y WhatsApp, con el objetivo de desarrollar sus productos. Según expertos legales consultados por medios especializados, esta disposición también podría facilitar el uso de material periodístico para entrenar sistemas de inteligencia artificial sin pagar licencias.

La información fue publicada inicialmente por Nieman Lab, medio especializado en periodismo vinculado a la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard, y posteriormente recogida por Ars Technica.

Los cambios, cuya entrada en vigor está prevista para el 30 de octubre, plantean una preocupación central para empresas, medios de comunicación y otros negocios que utilizan las plataformas de Meta para distribuir sus contenidos: la posibilidad de que la compañía obtenga acceso a ese material sin una compensación económica.

Qué permiten los nuevos términos comerciales de Meta

Las nuevas condiciones autorizan a Meta, o a terceros que actúen en su nombre, a utilizar programas automatizados para acceder a páginas web y enlaces relacionados con cuentas comerciales, así como copiar y analizar la información disponible.

Estas herramientas, conocidas como scrapers o crawlers, recorren sitios web y recopilan sus contenidos. Aunque la cláusula no menciona expresamente la inteligencia artificial, especialistas consultados por Ars Technica y Nieman Lab consideran que las referencias al desarrollo, la investigación y el entrenamiento de productos podrían abarcar el uso de ese material para alimentar sistemas de IA.

La interpretación genera inquietud porque Meta incluye entre sus productos de inteligencia artificial los servicios agrupados bajo la denominación «AI at Meta».

Otro punto controvertido es la posibilidad de crear «credenciales de prueba». El académico James Grimmelmann, profesor de Derecho de la Universidad de Cornell, advirtió que una interpretación amplia de esta disposición podría permitir el uso de cuentas de prueba para acceder a contenidos protegidos por muros de pago.

Meta no aclaró si contempla utilizar este mecanismo para acceder a artículos de suscripción.

Además, los usuarios comerciales no tendrían la posibilidad de rechazar únicamente esta cláusula y mantener el resto de los servicios bajo las mismas condiciones. De acuerdo con el aviso descrito por los medios, quienes no acepten los términos deberán dejar de utilizar los productos de Meta con fines comerciales.

La preocupación de los medios de comunicación

La nueva política podría tener consecuencias importantes para los medios digitales, cuyos artículos, fotografías y otros contenidos tienen valor comercial y pueden ser objeto de acuerdos de licencia para el entrenamiento de inteligencia artificial.

Matt Topic, abogado especializado en medios y propiedad intelectual de la firma Loevy & Loevy, calificó la disposición como extraordinaria por encontrarse dentro de unos términos de servicio que, según su interpretación, podrían conceder acceso gratuito a materiales cuyo uso comercial podría requerir pagos millonarios.

Topic también advirtió que no está claro si los tribunales considerarían válida la cláusula, aunque recomendó a los medios tomar en serio su alcance potencial.

Por su parte, Grimmelmann planteó que una interpretación amplia podría permitir a Meta construir un archivo de contenidos publicados en internet y utilizarlo de distintas maneras, incluso para desarrollar productos que compitan con los propios medios que generan esa información.

El problema no se limita a las grandes organizaciones periodísticas. También afecta a empresas, comercios, creadores independientes y proyectos digitales que mantienen una presencia comercial en las plataformas de Meta.

La respuesta de Meta y las dudas sobre el alcance de los cambios

Meta sostiene que los nuevos términos buscan simplificar y reunir disposiciones que anteriormente estaban distribuidas en distintos documentos relacionados con sus servicios.

Un portavoz de la compañía explicó a Nieman Lab que las referencias al rastreo automatizado ya existían en otras condiciones, incluidas algunas relacionadas con la inteligencia artificial generativa aplicada a la publicidad. La empresa aseguró, además, que los propietarios de sitios web pueden seguir administrando el acceso de los rastreadores mediante el archivo robots.txt, que permite indicar qué partes de una página pueden visitar los programas automatizados.

Ante las consultas de Ars Technica, Meta rechazó las afirmaciones de que se esté modificando el uso de sus rastreadores.

Sin embargo, el medio tecnológico cuestionó esa explicación tras comparar los documentos anteriores con los nuevos términos. Según su análisis, la redacción actual sería más amplia y la referencia a las «credenciales de prueba» no aparecía en las condiciones comerciales que estarían siendo unificadas.

Meta remitió a un acuerdo destinado a vendedores que sí contempla este tipo de credenciales, aunque ese documento limita su utilización a la optimización de catálogos de productos.

También persisten interrogantes sobre el alcance real del archivo robots.txt. Aunque este mecanismo permite comunicar restricciones a los rastreadores, su eficacia depende de que los operadores respeten esas instrucciones. Los especialistas advierten que todavía existen dudas jurídicas sobre cómo se relacionan estas restricciones con las autorizaciones contenidas en los nuevos términos comerciales.

¿Una práctica que podría limitar la competencia?

Los expertos también plantean interrogantes sobre una posible práctica conocida como tying o venta atada, que consiste en condicionar el acceso a un producto o servicio a la aceptación de otras condiciones.

Benjamin Sobel, profesor de Derecho de la Universidad de Wisconsin, comparó la situación con las políticas que Google aplicó anteriormente a los sitios web respecto de la utilización de sus contenidos en resúmenes generados mediante inteligencia artificial.

En cualquier caso, la legalidad de las nuevas condiciones de Meta no está resuelta. El uso de contenidos protegidos para entrenar sistemas de IA continúa siendo objeto de controversias judiciales, y las cláusulas contractuales no eliminan automáticamente las obligaciones que puedan derivarse de las leyes de propiedad intelectual.

Nieman Lab también recordó que en mayo se presentó una demanda colectiva contra Meta por parte de cinco grandes editoriales de libros, en un contexto de crecientes disputas sobre el uso de obras protegidas para desarrollar inteligencia artificial.

La paradoja de cobrar por publicar enlaces y recopilar contenidos

La controversia coincide con la introducción de Meta One, un servicio de suscripción que, según los antecedentes citados por Nieman Lab, limita la cantidad de enlaces externos que determinadas cuentas pueden publicar en Facebook e Instagram sin pagar.

La situación plantea una paradoja para los medios y otros creadores: mientras la plataforma puede cobrar por determinadas modalidades de distribución de enlaces, sus nuevos términos comerciales podrían permitirle recopilar los contenidos de los sitios vinculados sin pagar por su utilización.

Press Gazette informó que algunos medios estarían exentos de los límites de publicación de enlaces. Meta, sin embargo, no respondió a las preguntas sobre este servicio.

Un aviso que encendió las alarmas

La discusión comenzó después de que Stephen Beale, fundador y editor de The Steampunk Explorer, detectara una notificación en su panel de Meta Business Suite y alertara a Nieman Lab.

Su comunidad, dedicada al steampunk —un subgénero de la ciencia ficción con estética retrofuturista—, mantiene una estrecha relación con Facebook, lo que hace especialmente difícil abandonar la plataforma.

Beale señaló que estaba considerando cerrar sus cuentas antes de la entrada en vigor de los nuevos términos. Aunque reconoció que su sitio ya había sido rastreado numerosas veces, cuestionó la decisión de Meta y la calificó de «arrogante y descarada».

El caso refleja un dilema cada vez más frecuente en el ecosistema digital: cómo proteger los derechos de quienes producen contenidos cuando las plataformas que facilitan su difusión también pueden convertirse en herramientas para recopilarlos y utilizarlos en el desarrollo de inteligencia artificial.

Por ahora, el alcance definitivo de los nuevos términos y su validez jurídica siguen abiertos a interpretación. Para los medios y negocios que dependen de Facebook, Instagram o WhatsApp, la fecha del 30 de octubre se perfila como un momento clave para evaluar las condiciones bajo las cuales distribuyen sus contenidos en las plataformas de Meta.

Por Editor