Desde el punto de vista de la organización que Carlo Ancelotti había dado a la Selección brasileña, el límite estaba claro: enfrentar a un adversario con capacidad para dañarlo podía acabar con el sueño del sexto título planetario.

Y así sucedió. Dos apariciones de Erling Haaland en el tramo decisivo del juego le dieron a Noruega -un rival que nunca perdió con Brasil- el boleto a cuartos de final. El descuento de Neymar sólo completó la estadística, la última aparición en la máxima cita de ‘Ney’, un jugador que nunca tomó la posta de cracks como Rivaldo, Ronaldinho ni -menos aún- Ronaldo Nazario.

¿La historia pudo ser otra? Siempre puede ocurrir, el portero Nyland le tapó un penal a Guimaraes (14′), luego Brasil tuvo algunas ocasiones (una de Endrick muy clara), pero no acertó. Noruega -un equipo bien trabajado, con argumentos de sobra para dañar a Alisson- hizo la diferencia a partir de esa fiera del área que es Haaland.

En la próxima fase, Inglaterra. Duro pleito en el Azteca, bajo la lluvia y en la última presentación del Tri en ese mítico recinto. La visita anotó en una ráfaga al cierre del primer tiempo, México estaba golpeado, ido. Pero Quiñones acertó una derecha tras un despeje corto de Konsa. El golero Jordan Pickford le sacó dos cabezazos imposibles a Raúl Jiménez (con la cuenta 0-0 y 1-2). El mismo ariete pudo anotar con un disparo cerca de un palo y Jude Bellingham, autor de los dos primeros goles ingleses, fue quirúrgico para evitar el 2-2 de Montes.

En el lapso final, Inglaterra se puso 3-1 jugando con 10. Tuchel rearmó la zaga tras la expulsión de Quansah. Raúl Jiménez descontó (69′), pero México no logró ocasiones claras y abusó de los centros. Un pleito magnético, sin resquicios y con un ganador que mostró su categoría individual y colectiva en pasajes esenciales. 

Por Editor