
El fracaso de la Celeste se consuma. Uruguay cae con España y queda afuera del Mundial en primera ronda. No importan los puntos (apenas 2), los cambios e incluso las casi nulas llegadas del equipo de Marcelo Bielsa al pórtico rival. En esta hora oscura, amarga, hay que buscar las causas de la debacle para comprender las consecuencias. Todas las razones apuntan a la trizada relación del Loco con su plantel.
El entrenador eligió mal, llevó jugadores lesionados, se enfrentó con los referentes y los pobres rendimientos individuales hicieron el resto (es cosa de ver cómo el meta Muslera falló en partidos claves). El tema de los referentes es esencial: en la antesala del pleito en Guadalajara, los líderes (Valverde, Rochet, Bentancur por ejemplo) le pidieron a Bielsa jugar «a la contra».
El entrenador pretendía ir de igual a igual contra el campeón de Europa. En el origen del disenso, las prácticas: los entrenamientos demasiado exigentes tenían al límite al plantel. La sustitución de Federico Valverde (56′) también es un punto de inflexión.
Quedaba mucho por jugar, Bielsa prescindía de un jugador relevante, capaz de pisar ambas áreas. Pero ni antes ni después los charrúas generaron demasiado en ataque, eso sin soslayar que el partido fue mustio, chato, de escasas emociones, zanjado con un gol de ese tono: feo. Se va Uruguay, el baile sigue. Falla Muslera (41′) ante un remate de Baena cuando el partido pronto llegaba al descanso.
Cabo Verde sí cruza el límite y se cita con Argentina en los 32avos de final. Bielsa termina su ciclo con la Celeste. El proceso culmina en desgracia por los múltiples errores de un equipo y un cuerpo técnico cuya relación no daba para más. Bielsa había hablado de la falta de protagonismo de de los suyos. Así terminó la historia: como actores de reparto.
