
Es imposible analizar el triunfo de Argentina sobre Egipto en los octavos de final de la Copa del Mundo sin considerar la actuación del VAR.
Ahora mismo, con Suiza clasificada, en el plantel, prensa e hinchas helvéticos deben estar pensando cómo su cuerpo técnico preparará el pleito del sábado dados los «antecedentes» del linajudo oponente.
El tema exige tomar postura. En su origen está la falta de equivalencia al evaluar jugadas en que parece existir una falta. Para mí, hubo foul sobre Salah en el área de Argentina (acción que estuvo en el origen del 3-2 final). En contraparte, a Egipto le anularon un gol (en su minuto, el 2-0, aunque luego logró esa ventaja), maniobra en que el defensa Lisandro Martínez sufre un pisotón. No hay equivalencia si cobras esta última y la primera no.
El debate sobre las ayudas con que cuenta el campeón del mundo (lo dijo el entrenador de Egipto, también sus jugadores y diversas figuras del fútbol mundial) es interminable. Con todo, ello no soslaya los errores de los africanos, que ganaban 2-0, guarismo que la Scaloneta remontó a partir de los cambios de su entrenador (Nicolás González y Lautaro Martínez adentro), con Lio Messi liderando la reacción, pero también aprovechando el excesivo repliegue del rival, que llegó a defender con cinco y hasta seis jugadores.
Como todo está tan revuelto, sugiero preguntar a Trump e Infantino qué quieren que ocurra. Esto puede ser relevante para la suerte de Suiza. Ellos clasificaron, fueron mejores para definir ante Colombia, hace décadas que no llegaban a los cuartos de final, pero quizás no tenga sentido tanto esfuerzo si el guion de lo que viene ya está escrito.
El cierre para Colombia. La definición selló su falta de suerte y categoría tras 90′ igualados y una prórroga intensa donde dispuso de ocasiones nítidas: pudo ganar en un cabezazo de Lucumí al travesaño, mientras Campaz perdió una oportunidad inmejorable cuando el alargue se iba.
Mala puntería, claro. El meta suizo Gregor Kobel tuvo reflejos, intuición y clase ante el remate de Juan Camilo Hernández en un momento decisivo de la serie. A la suerte hay que ayudarla.
