Una calle del campo de refugiados palestinos de Burj el Barajneh, en el Líbano

La UNRWA atraviesa una crisis existencial. Pero ¿qué vendrá después? Una visita al campamento de Burj el Barajneh, en el Líbano, revela lo que las decisiones políticas significan para quienes dependen de la agencia.

El centro de salud se abre paso entre callejones estrechos. No es tan lúgubre como los edificios que lo rodean, aunque también ha conocido tiempos mejores. Hasta aquí acuden los palestinos que viven en el Líbano en busca de atención médica. El centro está gestionado por la agencia de la ONU UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo), creada en 1949.

Wafaa El Hajj, de 55 años, llega para recoger medicamentos para su madre. «Mis ingresos son demasiado bajos para comprarlos en el mercado», cuenta. Trabaja en la administración de una guardería y sabe que la ayuda no siempre está garantizada: «Aquí a veces pueden ayudar, a veces no».

Excluida del sistema sanitario libanés, la población palestina afronta niveles de pobreza que oscilan entre el 70 % y el 80 %. Por ello, los recortes en la UNRWA se sienten con más dureza. El Hajj lo ha vivido de cerca: su hermana murió de una enfermedad porque la familia no pudo pagar el tratamiento. «Vivimos una vida injusta — incluso para la medicina tenemos que mendigar. Sin la UNRWA no tendríamos nada», señala.

Fondos suizos con condiciones

El centro de salud fue cofinanciado por Suiza, que desde hace tiempo figura entre los donantes de la UNRWA. La relación entre Suiza y la agencia tiene un matiz particular: el actual director, Philippe Lazzarini, es suizo, al igual que su predecesor, Pierre Krähenbühl.

La ruptura se produjo tras el atentado terrorista del 7 de octubre de 2023. Suiza, como otros países, suspendió sus pagos a la UNRWA mientras se investigaban las acusaciones del Gobierno israelí sobre la posible participación de empleados de la agencia en el ataque. La UNRWA despidió  a nueve trabajadores que podrían haber estado implicados. Desde entonces, los fondos suizos no se destinan a operaciones en los territorios palestinos ocupados, es decir, Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. En su lugar, Suiza apoya allí a otras organizaciones.

La situación financiera es precaria

Incluso antes del atentado del 7 de octubre de 2023 y de las acusaciones posteriores, la UNRWA ya enfrentaba problemas financieros. Su director, Philippe Lazzarini, advirtió en primavera de 2023 a Swissinfo sobre el riesgo de que la organización pudiera colapsar.

La población palestina no puede trabajar en el sector público en el Líbano. Tampoco puede registrar empresas, poseer bienes inmuebles y está excluida de ejercer 38 profesiones. Por ello, la organización es un «salvavidas fundamental», como afirma Dorothee Klaus, directora de la UNRWA en el país.

Sin embargo, la propia UNRWA está centrada en su supervivencia. Como organismo de la ONU, se ve directamente afectada por la erosión del sistema multilateral. Los ataques políticos y la retención o retirada de fondos la debilitan aún más. «La situación financiera sigue siendo extremadamente precaria e imprevisible, por lo que nos vemos obligados a gestionar el presupuesto mes a mes», explica Klaus.

El presupuesto, de por sí, es modesto: la UNRWA dispone de 110 millones de dólares en el Líbano, lo que para unos 225.000 palestinos equivale a poco menos de 490 dólares por persona al año. A modo de comparación, según el Banco Mundial, el PIB per cápita del país ronda los 3.500 dólares.

Por Editor