María Cecilia Pérez Herrera / Periodista de la Universidad de Chile

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que cerca del 20 % de los
productos médicos que circulan en mercados informales en países de ingresos
medios y bajos son subestándar o falsificados, esto aumenta cuando se trata de ventas
online no fiscalizadas y comercio por redes sociales. Los productos presentan, en muchos
casos, ingredientes no declarados, concentraciones incorrectas o beneficios no
comprobados.
A partir de estos datos, expertos advierten que la falta de marcos regulatorios claros y
modernos no elimina el consumo, sino que desplaza la demanda hacia canales sin
control sanitario, aumentando los riesgos para la población.


Para el químico farmacéutico y ex director del Instituto de Salud Pública (ISP), Heriberto
García Escorza, la relación es directa:

“La evidencia internacional muestra que cuando no existen vías
regulatorias claras, el consumo no desaparece. Las personas buscan
estos productos igual y los compran en mercados informales, permitiendo
que convivan con productos de mala calidad, falsificados y contrabandos;
más del 20 % presenta irregularidades, algunos incluso son parte de
círculos delictivos. Eso es un riesgo sanitario concreto”, señala.
Vacío normativo y consumo real
En Chile, la normativa reconoce los suplementos alimenticios tradicionales y fija dosis y
composiciones específicas, pero deja fuera un amplio universo de extractos herbales,
que según investigaciones científicas son los que tienen mayores efectos
beneficiosos en la salud de las personas. Se trata de concentrados obtenidos mediante
procesos de extracción ampliamente utilizados y regulados en países desarrollados.
Productos como extracto de maqui, resveratrol, hongos adaptógenos, extracto de
cúrcuma o extracto de boldo no pueden comercializarse formalmente, no por razones de
seguridad, sino porque no existe una categorías que los regule y por ende en Chile
están técnicamente prohibidos.
Este vacío se mantiene desde hace más de quince años, debido a la negativa
permanente del Ministerio de Salud y su División de Políticas Públicas (DIPOL) de
poner el tema en agenda y generar una regulación acorde con la categoría. Debido a la falta
de creación de una categoría de Medicamentos Complementarios, el consumo se ha
desplazado a canales informales y comercio digital, sin fiscalización efectiva y con un
gran riesgo para los consumidores, al convivir con otros productos de mala calidad y
falsificaciones, las personas no saben si compran un buen o mal producto, pues no existe
regulación que permita la certificaciòn que de esa distinción.

El debate ocurre en un escenario especialmente sensible. Chile ocupa hoy el segundo
lugar en obesidad entre 20 países comparados, pese a las políticas públicas
implementadas en alimentación y prevención. Para especialistas, mantener barreras
administrativas sin regulación reduce la capacidad del Estado para fiscalizar y proteger
efectivamente a los consumidores.
“Regular no significa relajar estándares. Significa ordenar, fiscalizar y
reducir el espacio del mercado informal, que hoy concentra los mayores
riesgos”, agrega García Escorza.
Mientras todos los países desarrollados tienen un marco regulatorio específico para
suplementos y extractos herbales, en Chile la ausencia de regulación sigue teniendo un
efecto medible: mayor informalidad, menor control sanitario, y menos alternativas
saludables para nuestra población.

Por Editor